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dimecres, de setembre 26, 2007

Canción del que no quería mentir

Hemos de procurar no mentir mucho.
Sé que a veces mentimos para no hacer un muerto,
para no hacer un hijo o evitar una guerra.

De pequeña mentía con mentiras de azúcar,
decía a las amigas: "Tengo cuarto de baño"
—mi casa era pobre con el retrete fuera—.
"Mi padre es ingeniero" y era sólo fumista,
¡pero yo le veía ingeniero ingenioso!

Me costó la costumbre de arrancar la mentira,
me tejí un vestido de verdad que me cubre,
a veces voy desnuda.

Desde entonces me quedo sin hablar muchos días.

Gloria Fuertes

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divendres, de setembre 14, 2007

Nieve sobre el río

Centenares de colinas y ni un solo pájaro.
Miles de senderos y ni una huella.
Una barca solitaria y al abrigo de su capote de bambú
un anciano pesca en el río helado.


Liu Zongyuan
(773 - 819)
Poeta xinès de la dinastía Tan

Més poesia xinesa taoista.

diumenge, de setembre 02, 2007

Por lo visto

Por lo visto es posible declararse hombre.
Por lo visto es posible decir no.
De una vez y en la calle, de una vez, por todos
y por todas las veces en que no pudimos.

Importa por lo visto el hecho de estar vivo.
Importa por lo visto que hasta la injusta fuerza
necesite, suponga nuestras vidas, estos actos mínimos
a diario cumplidos en la calle por todos.

Y será preciso no olvidar la lección:
saber, a cada instante, que en el gesto que hacemos
hay un arma escondida, saber que estamos vivos
aún. Y que la vida
todavía es posible, por lo visto.

Jaime Gil de Biedma

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divendres, d’agost 24, 2007

EL MIRLO, LA GAVIOTA

El mirlo, la gaviota,
El tulipán, las tuberosas,
La pampa dormida en Argentina,
El Mar Negro como después de una muerte,
Las niñitas, los tiernos niños,
Las jóvenes, el adolescente,
La mujer adulta, el hombre,
Los ancianos, las pompas fúnebres,
Van girando lentamente con el mundo;
Como si una ciruela verde,
Picoteada por el tiempo,
Fuese inconmovible en la rama.

Tiernos niñitos, yo os amo;
Os amo tanto, que vuestra madre
Creería que intentaba haceros daño.

Dame las glicinas azules sobre la tapia inocente,
Las magnolias embriagadoras sobre la falda
blanca y vacía,
El libro melancólico entreabierto,
Las piernas entreabiertas,
Los bucles rubios del adolescente;
Con todo ello haré el filtro sempiterno.
Bebe unas gotas y verás la vida como a través
de un vidrio coloreado.
Déjame, ya es hora de que duerma,
De dormir este sueño inacabable.

Quiero despertar algún día,
Saber que tu pelo, niño,
Tu dulce vientre y tus espaldas,
No son nada, nada, nada.

Recoger conchas delicadas;
Mira qué suave matiz rosa.

Las escamas de los súbitos peces,
Los músculos dorados del marinó,
Sus labios salados y frescos
Me retienen preso en la red de espejismo.

Creo en el mundo,
Creo en ti que no conozco aún,
Creo en mí mismo,
Porque algún día yo seré todas las cosas que
amo:
El aire, el agua, las plantas, el adolescente.

Luis Cernuda

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diumenge, de juliol 22, 2007

Pausa

De vez en cuando hay que hacer
una pausa
contemplarse a sí mismo
sin la fruición cotidiana
examinar el pasado
rubro por rubro
etapa por etapa
baldosa por baldosa
y no llorarse las mentiras
sino cantarse las verdades.


Mario Benedetti.

dissabte, de juliol 14, 2007

Nocturno

(...)

¡Son los ángeles!
Han bajado a la tierra
por invisibles escalas.
Vienen del mar, que es el espejo del cielo,
en barcos de humo y sombra,
a fundirse y confundirse con los mortales,
a rendir sus frentes en los muslos de las mujeres,
a dejar que otras manos palpen sus cuerpos febrilmente,
y que otros cuerpos busquen los suyos hasta encontrarlos
como se encuentran al cerrarse los labios de una misma boca,
a fatigar su boca tanto tiempo inactiva,
a poner en libertad sus lenguas de fuego,
a decir las canciones, los juramentos, las malas palabras
en que los hombres concentran el antiguo misterio
de la carne, la sangre y el deseo.
Tienen nombres supuestos, divinamente sencillos.
Se llaman Dick o John, o Marvin o Louis.
En nada sino en la belleza se distinguen de los mortales.
Caminan, se detienen, prosiguen.
Cambian miradas, atreven sonrisas.
Forman imprevistas parejas.

Sonríen maliciosamente al subir en los ascensores de los hoteles
donde aún se practica el vuelo lento y vertical.
En sus cuerpos desnudos hay huellas celestiales;
signos, estrellas y letras azules.
Se dejan caer en las camas, se hunden en las almohadas
que los hacen pensar todavía un momento en las nubes.
Pero cierran los ojos para entregarse mejor a los goces de su encarnación misteriosa,
y, cuando duermen, sueñan no con los ángeles sino con los mortales.

Xavier Villaurrutia

Fragment de "Nocturno de los ángeles"

diumenge, de juliol 08, 2007

Bajo una pequeña estrella

Que me disculpe la coincidencia por llamarla necesidad.
Que me disculpe la necesidad, si a pesar de ello me equivoco.
Que no se enoje la felicidad por considerarla mía.
Que me olviden los muertos que apenas anidar en mi recuerdo.
Que me disculpe el tiempo por los muchos mundos omitidos cada segundo.
Que me disculpe mi viejo amor por vivir el nuevo como el primero.


Perdonadme, guerras lejanas, por traer flores a casa.
Perdonadme, heridas abiertas, por pincharme en el dedo.
Que me disculpen los que claman desde el abismo por el disco de un minué.
Que me disculpe la gente en las estaciones por el sueño de madrugada.
Perdóname, esperanza acosada, por reírme a veces.
Perdonadme, desiertos, por no correr con una cuchara de agua.
Y tú, gavilán, hace años el mismo, en esta misma jaula,
inmóvil mirando fijamente el mismo punto siempre,
absuélveme, aunque fueras un ave disecada.

Que me disculpe el árbol talado por las cuatro patas de la mesa.
Que me disculpen las grandes preguntas por las pequeñas respuestas.
Verdad, no me prestes demasiada atención.
Solemnidad, sé magnánima conmigo.
Soporta, misterio de la existencia, que arranque hilos de tu cola.
No me acuses, alma, de poseerte pocas veces.
Que me perdone todo por no poder estar en todas partes.
Que me perdonen todos por no saber ser cada uno de ellos, cada una de ellas.
Sé que mientras viva nada me justifica porque yo misma me lo impido.
Habla, no me tomes a mal que tome prestadas palabras patéticas

y que me esfuerce después para que parezcan ligeras.

Wislawa Szymborska

dimecres, de juny 27, 2007

Puente

¿Lejos?
Hay un arco tendido
que hace viajar la flecha
de tu voz.

¿Alto?
Hay un ala que rema
recta, hacia el sol.
De polo a polo a una
secreta información.

¿Qué más?
Estar alerta
para el duro remar;
y toda el alma abierta
de par en par.

Nicolás Guillén
en "Odas mínimas"

dissabte, de juny 09, 2007

Conversación en la montaña

¿Me preguntas por qué habito
en estas colinas verdes jade?
Yo sonrío. No hay palabras para expresar
el sosiego de mi corazón.

¡Que fascinante la flor del melocotón
arrastrada por la corriente del agua!

Aquí vivo en otro reino
más allá del mundo de los hombres.

Li Tai-Po (701-762)

diumenge, de juny 03, 2007

Rumi

Si miras con cuidado, verás
que cada partícula que hay en el aire
feliz o desdichada, se sumerge
en el Sol del Universo Absoluto.
Todas las partículas están ebrias
y locas como nosotros.

***

Escucha. Las hojas no se mueven sin el viento.

***

Mevlana Jalaluddin (Celal) Rumi

divendres, de juny 01, 2007

Blanco

Hi ha un poema amagat
entre la boira d'un somni blanc...


dissabte, de maig 26, 2007

Pas mes épines

Pas
mes
épines
qui me défendent
dit la Rose
c'est
mon parfu
m


Paul Claudel
"Phrases pour éventails"

***

No son
mis
espinas
las que me defienden
dice la Rosa
es
mi perfum
e


Paul Claudel
en "Frases para abanicos".

dilluns, de maig 21, 2007

El pajarito verde

En el río me voy,
adonde quiera el agua,
entre las dos orillas.

Desde las dos orillas,
¡cómo me miro yo bajando por el agua,
quieto en todo lo bello
que paso (lo que fue...)!

¡Adiós, adiós! ¡Qué grato el irse,
cuando se queda uno en todo!


De "El Vencedor Oculto" (1919-1923)
Juan Ramón Jiménez

dissabte, de maig 12, 2007

Historias... Historias...

«En tiempos de las hadas y de la hechicería...
cuando la reina cruel consultaba su espejo...
el duende Trasgolisto su sábana extendía
y los siete enanitos pasaban en cortejo...

»Cuando la Cenicienta perdía su zapato...
cuando Caperucita visitaba a la abuela...
cuando las botas mágicas calzábase el Gato...
y, al par que Jack trepaba, crecía la habichuela...»

La niña, ya impaciente, con la historia termina,
colgándose amorosa del cuello de la madre:
«Pero, Caperucita, ¿no tuvo padre?
¿Por qué la Cenicienta se queda en la cocina?
¿Y cómo a vivir sola no se va Blancanieves?
¡No cuentes, madre mía, historias para bebes!»

Marilina Rébora (1919-1999)
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divendres, de maig 11, 2007

Para ver el mundo

" Para ver el mundo en un grano de arena,
y el Cielo en una flor silvestre,
abarca el infinito en la palma de tu mano
y la eternidad en una hora.

Aquél que se liga a una alegría
hace esfumar el fluir de la vida;
aquél que besa la alegría en su aleteo
vive en el amanecer de la eternidad. "

To see the world in a grain of sand,
And Heaven in a wild flower,
Hold infinity in the palm of your hand
And eternity in an hour.

He who binds himself to a joy
Does the winged life destroy;
He who kisses joy as it flies
Lives in eternity's sun rise.


William Blake

dissabte, de maig 05, 2007

Espantapájaros

No sé, me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de sorportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!

Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!

Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!

Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!

Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca

o con una mujer que tenga las nalgas
a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.

De "Espantapájaros"
Oliverio Girondo

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dimecres, d’abril 11, 2007

En el puente

Una mujer y un hombre solos, en un puente,
sobre el dormido Sena azul.
Debajo está el tumulto sin sentido,
las luces irreales.

Cambia el gobierno en algún sitio,
se pronuncian sabios discursos.
Pero ellos desde el puente, apenas si lo ven:
tan sólo ven el Sena
turbio y lento.

Así están, sin palabras
y sin besos,
hasta la madrugada, bajo un impermeable,
como un paquete envuelto en celofán,
¡un regalo del mundo
para el mundo entero!

¡Quiera Dios que no tengamos
ni casa
ni hacienda,
ni aturdidora comodidad en nuestra vida!

¡Quiera Dios
que, estemos donde estemos,
siempre nos encontremos en el puente!

En el puente para siempre inscrito en el cielo.
En el puente que hace sagrado a quien lo habita.
En el puente
sobre el tiempo,
sobre toda
la vanidad y la mentira...

Paris, 1960
Evgueni Evtuchenko

dimecres, de març 28, 2007

Los Justos

Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

Jorge Luis Borges

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dijous, de març 22, 2007

Los árboles

Hablan poco los árboles, se sabe.
Pasan la vida entera meditando
y moviendo sus ramas.
Basta mirarlos en otoño
cuando se juntan en los parques:
sólo conversan los más viejos,
los que reparten las nubes y los pájaros,
pero su voz se pierde entre las hojas
y muy poco nos llega, casi nada.
Es difícil llenar un breve libro
con pensamientos de árboles.
Todo en ellos es vago, fragmentario.
Hoy, por ejemplo, al escuchar el grito
de un tordo negro, ya en camino a casa,
grito final de quien no aguarda otro verano,
comprendí que en un su voz hablaba un árbol,
uno de tantos,
pero no sé qué hacer con ese grito,
no sé cómo anotarlo.

De "Alfabeto del mundo" (1986)
Eugenio Montejo

dimarts, de febrer 20, 2007

¿Y qué tengo que hacer?

¿Y qué tengo que hacer?
¿Buscarme un valedor poderoso, un buen amo,
y al igual que la hiedra, que se enrosca en un ramo
buscando en casa ajena protección y refuerzo,
trepar con artimañas, en vez de con esfuerzo?
No, gracias.


¿Ser esclavo, como tantos lo son,
de algún hombre importante? ¿Servirle de bufón
con la vil pretensión de que algún verso mío
dibuje una sonrisa en su rostro sombrío?
No, gracias.

¿O tragarme cada mañana un sapo,
llevar el pecho hundido, la ropa hecha un harapo
de tanto arrodillarme con aire servicial?
¿Sobrevivir a expensas de mi espina dorsal?
No, gracias.

¿Ser como ésos que veis a Dios rogando
-oh, hipócritas malditos- y con el mazo dando?
¿Y que, con la esperanza de alguna sinecura,
atufan con incienso a quien se las procura?
No, gracias.

¿Arrastrarme de salón en salón
hasta verme perdido en mi propia ambición?
¿O navegar con remos hechos de madrigales
y, por viento el suspiro de doncellas banales?
No, gracias.


¿Hacerme nombrar Papa en esas chirigotas
que en los cafés celebran, reunidos, los idiotas?
No, gracias.

¿Desvivirme para forjarme un nombre
que tenga de endiosado lo que no tiene de hombre?
No, gracias.

¿Afiliarme a un club de marionetas?
¿Querer a toda costa salir en las gacetas?
¿ Y decirme a mí mismo: no hay nada que me importe
con tal de que mi ingenio se cotice en la Corte?
No, gracias.

¿Ser miedoso? ¿Calculador? ¿Cobarde?
¿Tener con mil visitas ocupada la tarde?
¿Utilizar mi pluma para escribir falacias?
No, gracias, compañero. La respuesta es:
no, gracias.

Edmond Rostand,
Cyrano de Bergerac